Sandra Bruno
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Sandra Bruno

Experta en Grafología Empresarial aplicada a la selección y gestión de RRHH

Erase una vez un niño pobre y muy buscavidas que jugaba a ser otro para ganarse un currusco de pan. De este niño nació con los años un personaje mundialmente conocido como “Charlot”. Pero detrás de este personaje divertido, adorablemente torpe, humano y sentimental, se escondía un actor hecho a sí mismo llamado Charlie Chaplin. Veamos a través de su escritura qué personalidad tenía este afamado e inigualable actor.

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La escritura de Chaplin nos habla de una persona dotada de una fuerza fuera de lo común: por un lado, las barras de sus “t” proyectadas de una forma casi fulgurante retratan a un luchador de fuertes impulsos; por otro lado, colocadas en altura y formando en ocasiones golpes de sable, nos muestran a una persona dotada de unas innegables dotes de mando. En todo caso, dibujan a una persona con mucha autoridad, que no tiembla a la hora de tomar una decisión o de emprender un proyecto.

Con claras habilidades para la actuación y el baile, desde sus rasgos escriturales ágiles, fugados y en movimiento, con gestos muy originales, Chaplin destaca igualmente por su habilidad musical, con una aguda memoria auditiva, a través de unas letras particularmente vibrantes que se mueven con cadencia armónica.

Asimismo, su escritura nos hace ver a un Chaplin sumamente práctico, con poca costumbre de perder el tiempo en elucubraciones innecesarias. Pero también su escritura (clara y legible, espontánea, inclinada a la derecha y con predominio de guirnaldas) nos hace vislumbrar a una persona sensible y de gran corazón, creando los precedentes de su personaje en la ficción.

Su letra nos habla de un seductor nato, siendo una persona dotada de un destacable carisma personal (escritura sobrealzada con mayúsculas altas), unido a unas extraordinarias habilidades sociales y de comunicación (en su escritura predominan los gestos de adaptabilidad y de apertura a los demás), y con una agilidad mental fuera de lo común (escritura con simplificaciones, ligados altos, signos de cohesión y de proyección) y con un gran poder de ocurrencia. Esta misma ocurrencia agudiza su marcado y característico sentido del humor (rasgos originales y simplificados, conjunto vibrante, ligados altos, letras decrecientes o con final afilado).

Destaca igualmente su extraordinario caudal de creatividad (escritura fluida y espontánea, personalizada, original, irregular, así como dinámica y vibrante), lo que le permite ir más allá de los demás e incluso de los dictados de su época. Seguro de sí mismo, idealista (barra de sus “t” especialmente alta, puntos de la “i” altos), es intuitivo, estando dotado de un increíble sexto sentido.

Visionario nato y humanista de vocación y no de elección, supo mediante el humor y la gracia abogar por un mundo más justo y más humano. Es que, si Charlot bailaba al compás de su bastón, su dueño y creador bailaba al son de los destellos de su genialidad.

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A nivel volitivo, la escritura de Chaplin nos indica a una persona extraordinariamente fuerte, vital, activa y con una gran capacidad para canalizar óptimamente su energía. Sin duda, se trata de un punto a tener en cuenta para la cristalización de todos sus sueños y proyectos en su personaje fetiche: Charlot.

Otro rasgo a tomar en cuenta es que Chaplin posee una extraordinaria inteligencia emocional que le confiere capacidad tanto para automotivarse e ilusionarse, como para resistir al estrés y a los cambios, o para adaptarse con relativa facilidad (predominio de guirnaldas, escritura progresiva, ligeramente inclinada, horizontal flexible, rasgos de apertura a la derecha, agrupada, vibrante, armónica).

Ahora bien, Chaplin no destaca por su capacidad de autocontrol sobre sus impulsos, que no resultan ser demasiado bien regulados. Pasional hasta la sinrazón e impaciente, su lema vital bien podría ser “actúa, y luego piensa” (mayúsculas unidas a la letra siguiente, inclinación a la derecha, rasgos progresivos y muy simplificados, así como fugados, puntuación adelantada). Le motivan los retos y opta mejor por improvisar sobre la marcha que actuar de forma premeditada y planificada de ante mano.

En cambio, es una persona muy decidida, dotada de mucha iniciativa y de una notable habilidad resolutiva que le confiere una extraordinaria capacidad para tomar decisiones. Además su escritura muestra rasgos de perseverancia, y de una notable capacidad de versatilidad e innovación. Igualmente, presenta una innegable habilidad para el mundo de los negocios, siendo un gran negociador.

Posee buenas dosis de autoestima y autoconfianza, con un buen autoconcepto de sí mismo y autoaceptación de su propia personalidad, reforzados por un tremendo sentimiento de confianza y seguridad en sí mismo, todo ello hablándonos de aplomo y marcando su madera de líder. Se trata de un liderazgo autoritario (trazos verticales muy marcados, la barra de las “t” alta y en forma de sable), propio de una persona con fuerza de temperamento y cierta rigidez a la hora de tratar al resto de su equipo, no siendo partidario de escuchar ni tomar en cuenta las opiniones que no sean las suyas.

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En cuanto a su carácter y comportamiento, Chaplin es una persona predominantemente extravertida, con unas encomiables habilidades sociales y de comunicación.

Desde su gran espontaneidad y sensibilidad, de él nace un personaje que encarna sus valores humanitarios y que, desde el humor y la inteligencia más audaz y sutil, dibuja una crítica contra las desigualdades sociales y los totalitarismos mundiales de su época. De hecho, está dotado de una gran agudeza crítica y de un marcado sentido de la ironía (barra de la “t” larga y proyectada, rasgos afilados).

Negativamente, Chaplin puede en ocasiones dar muestras de celos pasionales en sus relaciones más íntimas (rasgos afilados y proyectados a la derecha, puntuación adelantada, mayúsculas unidas a la letra siguiente, velocidad rápida). Estamos hablando de una persona con un marcado carácter y ocasionales arranques de genio (barras de las “t” altas y en forma de golpes de sable).

Idealista (punto de las “íes” alto, tamaño normal, presión vertical), no deja de ser lo suficientemente objetivo para enfrentarse con cabeza a los retos de su vida.

Además, su escritura delata una destacable ambición y una clara orientación al logro que encajan con el espíritu luchador de Chaplin.

Ya en los años 60, superando los 70 años, su escritura sigue igual de ágil y dinámica, además de denotar mayor fuerza de carácter, siendo fiel a su autoridad nata.

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En resumidas cuentas, se trata de una escritura vehementemente marcada de energía, fuerza y ambición, y a la par impregnada de sagacidad e inteligencia. Seguramente esta combinación, como base de su inigualable talento cómico, fuera la que propulsara a Charlie Chaplin a la cima del reconocimiento más universal.

 “A fin de cuentas, todo es un chiste”.

Charlie Chaplin

 

 

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