Sandra Bruno
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Sandra Bruno

Experta en Grafología Empresarial aplicada a la selección y gestión de RRHH

En una sociedad digitalizada como la nuestra donde uno es parte de una infinita comunidad, un tentáculo más de un pulpo gigante llamado “interconexión”, parece que no compartir experiencias suyas con desconocidos o simplemente preservar su halo de privacidad sea signo de introversión e incluso de timidez.

Como grafóloga que soy, todo ello me lleva a preguntarme acerca de algo demasiado recurrente y casi desgastado en la jerga nacional que es el hecho de etiquetar a la gente de “extrovertida” (siendo lo más correcto decir “extravertido” por su referencia a su raíz latina “extra”) o de su antónimo “introvertida”, y su inexorable nexo con el mundo laboral.

Pero mucho se habla sobre ello cuando en realidad poco se sabe al respecto.

En grafología, la extraversión ha sido objeto de estudio y de ello sobresalió la complejidad de poder discernir un tipo de personalidad de otra.

“LA EXTRAVERSIÓN es la suma de 20 gestos y movimientos, de los cuales la escritura ligada no es más de 1/20, por lo que efectivamente una persona que ligue su escritura puede ser finalmente introvertida en mayor proporción que extravertida si los demás signos favorecen esta actividad vital” (p.26 “Grafología superior”, 2007,  Xandró Mauricio).

Todo ello demuestra nuevamente que en grafología nunca se puede interpretar un rasgo aislado, sino siempre se debe hacer dentro de un contexto (positivo/negativo) y junto a una serie de muchos otros rasgos gráficos. Pero también esta revelación de Xandró nos remarca lo realmente complejo que es reconocer a una persona verdaderamente extravertida.

Desde el punto de vista psicológico, fue el psiquiatra oriundo de Suiza –Carl Gustav Jung- quién creó y popularizó una tipología, que posteriormente despuntó, al diferenciar la extraversión de la introversión. Clasificó estos dos conceptos en función de la fuente y del mayor grado de estimulación y de reacción de un individuo a estímulos de naturaleza, bien externa –extraversión –, bien interna –introversión-, lo cual incide irremediablemente en su forma de comportarse y de actuar con los demás. Dicho de otra manera, la gente extravertida suele estimularse con la presencia de elementos externos, que pueden ser otras personas hasta situaciones, y la gente más introvertida suele estimularse desde dentro. Aunque habría que despejar muchas confusiones al respecto, e insistir en que una persona introvertida no es necesariamente una persona poco comunicativa en sociedad, ni forzosamente tímida, tal como lo acota la grafóloga Matilde Priante en “Grafología para la selección y evaluación de personal” (2017, Ed. Paidós). Incluso una persona introvertida puede ser una gran comunicadora, con buenas habilidades sociales, pero con la diferencia que no necesita destacar en sociedad ni estar en pos de reconocimiento externo; y, al contrario, una persona extravertida puede llegar a ser más superficial en su forma de comunicar y no dejar conocerse demasiado a un nivel más íntimo. Todo dependerá de las circunstancias, tanto emocionales como ambientales, que se den en el sujeto objeto de estudio.

Desde el punto de vista laboral, el debate queda abierto. Cierto es que un puesto de comercial, de Relaciones Públicas o de dependiente requerirá una personalidad más bien abierta, en todo caso a alguien con facilidad de contacto y altamente motivado por el contacto social. En cambio, un puesto de administrativo no requerirá un perfil tan orientado hacia los demás, siempre cuando no sea un requisito pre-establecido por la propia empresa. En términos generales, todo dependerá del puesto que se oferta y de sus características, sin olvidar el grado de responsabilidad (no será lo mismo ejercer de administrativo de personal que de responsable de recursos humanos). Ahora bien, muchos se quejan de la transcendencia en los tiempos actuales de los perfiles más extravertidos. Es un debate que sin duda merece la pena plantearse.

“Ser más agradable y tener más confianza aumentan tus posibilidades de ser contratado, pero eso no tiene relación con el rendimiento” (Eleba Lytkina Botelho, experta en estudios sobre liderazgo).

Lo cierto es que el impacto de tal diferenciación en el mundo laboral es considerable y es una característica a tener muy en cuenta a la hora de definir un puesto de trabajo.

Pero ¿cómo reconocer en un proceso de selección y sin conocer al candidato su verdadera tendencia social, es decir si tiende más a la extraversión o a la introversión?

Varios parámetros grafológicos entran en juego para determinarlo como el tamaño, la forma, el nivel de apertura de la letra, además de su inclinación, dirección, velocidad, cohesión, presión, y la forma tanto de la firma como de la rúbrica, todo ello hablándonos de rasgos abiertos o más cerrados, es decir de mayor o menor expansión y entrega. Pero también influyen los márgenes que nos recalcarán una tendencia u otra. Ahora bien, dentro del grupo de los extravertidos, están también los que saben guardar secretos y que tienden a la reserva, y dentro del grupo de los introvertidos se incluyen también los que no saben callar secretos y tienden por tanto a la indiscreción. Es importante saber identificar cada caso, sobre todo a la hora de seleccionar a candidatos para puestos que requieren confidencialidad. La técnica grafológica permite identificar estos rasgos de mayor o menor grado de discreción mediante el estudio de los óvalos y por tanto atinar en la búsqueda del candidato idóneo.

Al fin de cuentas, ser extravertido no es mejor que ser introvertido, ni peor, todo dependerá del puesto que necesitamos cubrir y de sus características. Lo que sí queda claro es que ser extravertido no implica tener mejores habilidades sociales, ni ser introvertido implica no tenerlas, y aún más: ser extravertido no acarrea necesariamente un mejor rendimiento, puede que en algunos puestos más rutinarios y menos sociales sea incluso contraproducente y, en este caso, se habría desperdiciado un talento comercial o de negocio.  Pero también es verdad que a veces los silencios dicen mucho más que las propias palabras, sobre todo cuando dan lugar a una mayor concentración y a una mayor creatividad. Tenemos la prueba en empresarios de éxito como  Bill Gates o Mark Zuckerberg  pero también en políticos como Barak Obama, en científicos como Albert Einstein, escritores célebres como Jules Verne , Jean-Paul Sartre o J.K. Rowling, polímatas como Leonardo Da Vinci, o artistas como Miguel Ángel, cuyo tipo de personalidad se asemeja más a la introversión que a la extraversión. De hecho, tanto Bill Gates como Mark Zuckerberg lo han reconocido públicamente.

Eso sí, siempre habrá que tener en cuenta que la capacidad de trabajar en equipo es considerado como un requisito básico en cualquier puesto de trabajo, sea la empresa que sea, de un modo más o menos activo. Ahora bien, el hecho de ser más introvertido no está reñido con el hecho de saber interactuar en un equipo de trabajo porque básicamente una persona introvertida tenderá a ser más colaborativa y a  buscar menos protagonismo y, por tanto, a ser más receptiva a las ideas ajenas y a la búsqueda efectiva de soluciones pero, sobre todo, como se comentó anteriormente, porque dependerá de la co-existencia de otros rasgos de personalidad. Simplemente bastará con estudiar estas competencias a nivel grafológico a la hora de contratar a esa persona.

Entonces en lugar de preguntar ¿Eres extravertido o introvertido?, reformulemos la pregunta así “¿Qué tipo de extravertido o introvertido eres?”.

Fuentes bibliográficas

Xandró, Mauricio. “Grafología superior”, 2007, Ed. Herder

Priante, Matilde. “Grafología para la selección y evaluación de personal”, 2017, Ed. Paidós http://www.bbc.com/mundo/vert-cap-40859995

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